Acto IV: "El fénix dorado"
Acto IV
“El fénix dorado”
Las luces de las estrellas doradas en aquel techo abovedado iluminaron el escenario, eran tan fuertes que costaba un tanto acostumbrar la vista al radiante resplandor enceguecedor. El trapecio a barra que se elevaba a unos cinco metros del suelo fue de pronto acompañado por otros dos de igual forma y a la misma distancia del escenario. Gael los observó asustado, no lograba concentrarse del todo, hacía mucho tiempo que no subía al escenario, la última vez que lo hizo la experiencia no fue grata ni placentera y hacer una audición con aquellos dos personajes que tenía de rivales no le hacía el trabajo más fácil. Y por más rudo y frío que se mostrase delante de los demás, no podía evitar tener los nervios de punta y estar a escasos momentos de entrar en crisis y salir en desbandada de aquel sitio tan aprensivo.
De repente un sonido metálico inundó toda la estancia, Gael giró la cabeza en distintas direcciones para lograr captar el sitio de donde provenía el ruido, entonces admiró como el suelo del escenario se abría en dos y emergieron de éste tres trampolines redondos de igual calibre y diámetro. El muchacho de cabello plateado tragó saliva con dificultad y su adrenalina comenzó a producirse de forma descontrolada al notar con espanto como el techo se dividía en muchísimas partes y separándose daba entrada a un singular e ingenioso diamante enormes proporciones que se posicionó por encima de los trapecios a barra.
La respiración de Gael, Meryl y Obito se sincronizó, y de un instante a otro se desparejaron en distintos ritmos de agitación, respiraban de forma pesada y sonora, pues del diamante surgieron acompañados de un traqueteo de engranes, palancas grises recubiertas de un extraño y adictivo fulgor, en aquel momento de dichas palancas, con un movimiento circular que se ampliaba segundo a segundo, dieron a conocer ocho trapecios circulares de libre traslado, que empezaron a dar una vuelta lenta según el ritmo del diamante, como si de una máquina de feria se tratase, rodeaban a los trapecios del medio.
Las palabras de Gendo sonaban distantes y no las podía entender muy bien, sencillamente su cuerpo estaba presente en la sala principal de Liquidreams, pero contra todo buen pronóstico, el pensamiento de Guiliardi estaba perdido entre atormentadores recuerdos de su última experiencia en el escenario, el miedo congelaba todas las terminaciones nerviosas motoras del muchacho. No pudo evitar abrir la boca anonadado sin quitar la vista de la sorprendente prueba que tenía delante. Sabía que tenía que dar lo mejor de sí, había entrenado sin descanso alguno, pero sencillamente lo que le presentaban no poseía antecedentes.
-¿Qué rayos es esto?-preguntó Obito, lanzando al aire la duda que seguramente Meryl también se planteaba. Gael cerró los puños para tratar de hacer reaccionar a su sistema nervioso. Nadie respondió a Obito de forma inmediata. Gendo era quien volvía a hablar, llevaba rato en ello, pero Gael lo había ignorado de principio a fin.
-Le llamamos la araña-Gendo les dirigió una sonrisa de suficiencia-es el nuevo dispositivo que diseñamos August y yo. Con ese trapecio veremos la eficacia que tienen en desplazamiento, es necesario para la escena del…
-salto crepuscular-interrumpió Meryl a Gendo, provocando que tanto Obito como Gael la miraran sorprendidos-es tal cual como lo imaginé, tu guión no llevaba figuras ni nada por el estilo pues era una mera proposición cuando llegó a mis manos… Gendo… es magnífico.
Gael no podía creer que aquella mujer tan horrorosa dirigiera halagos al hombre que se había encargado de insultar y llevar hasta el borde de la desesperación desde hacía varios días atrás. Meryl emanaba un aura de desesperación, a leguas se percibía que deseaba subir ya a la araña.
-Meryl…Me dejas sin palabras…-dijo el autor un segundo después-prestaste atención a lo que leíste. Lástima que otros no lo hayan hecho-reprochó Gendo a Obito, que le saco la lengua a modo de burla. Gael se fijó que eran bastante unidos, mucho para su gusto. Desconfiaba en ese momento de todos, tal vez Obito ya sabía de la existencia del trapecio especial, pudiese ser que hasta lo dominara, y simplemente actuó al preguntar qué diablos era. Gael resopló y se cruzó de brazos.
-Lo primero que evaluaremos será su desplazamiento individual y grupal, pues la acrobacia que mencionó Meryl es con varios personajes deambulando por todo el escenario-continuó explicando Gendo-luego pasaremos a la ejecución de la acrobacia base de la técnica que les mostré.
-¿Acrobacia base?-dejó escapar Gael sin entender-¿Qué acrobacia base?
-El fénix dorado…-musitó Obito al unísono con Meryl, ambos compartieron una mirada cómplice, lo que sacó de sus casillas a Gael ¿Por qué le daba la impresión de estar siempre detrás de los demás? Se sentía relegado.
-¿El Fénix dorado?-volvió a preguntar sintiéndose bastante estúpido. Meryl lo reprendió con la mirada, Gendo hizo una seña a alguien en las gradas y no se dijo nada más hasta que la mujer rubia elegante los alcanzó.
-Ella es, dudo que no sepan de quién se trata-Gendo puso los ojos en blanco y sonrió extasiado-Layla Hamilton, la creadora del Fénix dorado. Acróbata inigualable.
La aludida hizo una ligera inclinación de su cabeza a modo de saludo y luego los repasó con la mirada, detallando centímetro a centímetro a Meryl. Por más que se exprimió el cerebro Gael no lograba sacar alguna información que tuviese almacenada de alguna Layla Hamilton, no la conocía por más famosa que hubiese sido.
-Detente Gendo-dijo apenada Layla Hamilton.
-¿Debemos ejecutar el Fénix dorado?-preguntó Obito-no nos advertiste de esto, para prepararnos más.
-La técnica de Obito está cementada en mi Fénix, ya que son acrobacias hechas a partir de giros y saltos combinados para alcanzar un objetivo-comenzó a explicar Layla-por ende como método para una evaluación más detallada de los postulantes, hemos decidido que ejecuten como mejor puedan, mi acrobacia.
-¡Yo nunca la he visto!-exclamó Gael irritado.
-Haré una demostración ahora mismo-Layla tocó el hombro de Gael divertida, y le guiñó un ojo.
-¿Entonces harás tú acrobacia, Layla?-Meryl tenía la voz apagada, algo un poco inusual en su persona, Gael la miró atónito.
-Meryl-Layla esbozó una sonrisa de satisfacción-nunca pensé que llegarías tan lejos, te recuerdo como una niña bastante mala en esto, insolente y desubicada-aclaró la mujer su punto de vista sobre Meryl, Gael estaba complacido, no tenía idea cual era el pasado de ambas mujeres, pero le hacía gracia ver a Meryl tan fuera de sí-¿Has mejorado tu estilo en el trapecio?
-yo…
-No me digas nada-interrumpió Layla a Meryl de forma brusca-pronto lo veré. Espero no me decepciones aún más, tú primera vez con el Fénix no fue más que una representación de circo barato.
Meryl abría y cerraba la boca como pez fuera del agua. Layla se encaminó al escenario, no tenía puesta ninguna malla deportiva. Gael no creyó que fuese a realizar ningún movimiento con el vestido lila largo que engalanaba. Layla se deshizo de sus zapatos de tacón y comenzó a saltar en uno de los trampolines. Daba enormes saltos, y mientras estaba en el aire realizaba magníficas figuras corporales, era única. Gael no salía de su asombro. Un trapecio triangular emergió de la punta inferior del diamante metálico, Layla se fijó en esto y al volver al trampolín se impulsó con todo lo que podía para coger el triángulo.
-El fénix…
-No pensé verla en escena otra vez-acompañó el susurro de Gendo, Obito.
La mujer rubia empezó a balancearse de un lado al otro, ganando velocidad en cortos segundos. Por encima de ella se armó un trapecio a barra, era ese el objetivo al que tenía que llegar. Gael analizó la acrobacia y le pareció sencilla de momento, unas cuantas vueltas y tomar el siguiente trapecio ¿Era tan famosa por eso? Layla tomó dirección transversal y empezó el ya conocido por muchos, tornado de fuego, daba vueltas sin parar, se veía segura, una artista consagrada que nunca dejaría de estar en el firmamento de los más resplandecientes astros.
Se elevó y soltó el trapecio. Dio un par de vueltas más y desafiando cualquier ley física existente, Layla contorsionó su cuerpo, extendió las extremidades superiores e inferiores hacia atrás, inclinó su cabeza en dirección opuesta, a Gael le pareció un ave desesperada, tomando su último bocado de aire, era un fénix moribundo, que estaba a la puerta del final de su vida, pero que renacería como lo hizo Layla, que dando una vuelta en redondo extendió sus brazos, cogió el trapecio superior y trasponiendo una mano y otra en la barra metálica, hizo un pequeño giro en ciento ochenta grados, se elevó y colocó sus pies encima de la barra.
Los aplausos no se hicieron esperar. A Gael todo aquello le pareció hilarante y tonto, por supuesto que ninguno lograría realizar aquello, ni la engreída de Meryl quien, según las palabras de Layla, ya lo había llevado a cabo de forma patética y barata.
-¿Y bien?-soltó tajante y cortante un hombre de cabello negro y puntiagudo, tenía los dientes enormes simulando a un caballo y su huesudo cuello y cuadrada mandíbula lo hacía verse deforme y espeluznante-¿Crees que estaré todo el día esperando a que te decidas a comenzar tú estúpida audición?
El muchacho de cabello plateado que no paraba de temblar, no quiso ni mirar en dirección de su examinador, le había tocado el peor y lo sabía perfectamente. Respiró profundamente, olvidó su rutina y no poseía un plan b. Gael Guiliardi carecía de cualquier base de gimnasia básica, intermedia o profesional. Era un acróbata nato, su hermana siempre se lo dijo, más no había sido después de su trágica desaparición que se decidió a realizar la prueba en el célebre escenario.
Gael cerró los ojos y trató de concentrar todas sus neuronas en una sola cosa, lograr conseguir una plaza en la compañía teatral. Se agachó rápidamente y de un segundo a otro saltó y dio un doble giro en el aire y cayó perfectamente sobre sus pies. Alzó una de sus piernas la tomó con ambas manos y luego colocándose de puntilla comenzó una serie de giros que detuvo al tiempo que preparaba sus brazos para recibir todo su peso. En esa posición fue que tuvo el valor de observar a su examinador que ya no estaba solo. Le acompañaba una joven bonita que sonrojó a Gael y le provocó desequilibrio, cayendo aparatosamente incitando una retahíla de gritos del examinador.
-No seas tan duro Sangronis-dijo la chica riéndose-está nervioso, es un novato. Y si me pides mi opinión, de lo poco que ha hecho se nota su talento.
-¡Mi querida Meryl!-exclamó con voz aguda el examinador-¡Si todos fuesen como tú o como el joven Kawura!-dijo resignado-nadie podría igualarlos, esta generación va de mal en peor.
La chica de nombre Meryl soltó una carcajada de suficiencia.
-No esperes talentos tan magníficos como el mío Sangronis-dijo al fin-debes bajar tu nivel de exigencia, ten en cuenta que ninguno de estos logrará hacerse con un premio internacional como el que he ganado.
Gael sorprendido dejó caer la mandíbula, la belleza de la chica fue apagada y opacada por su indocto egocentrismo.
-Que desafortunado será el teatro cuando los buenos acróbatas desaparezcan-inquirió Sangronis, entornando los ojos al techo-Guiliardi Gael…-murmuró luego-tendrás la respuesta en siete días. Puedes contar con un voto negativo de mi parte.
A Gael se le hizo un nudo en el estómago, no lo lograría seguramente, su audición había sido bastante mala, a pesar de lo que dijese la recién llegada. Que de pronto lo miraba con los ojos como platos soperos.
-¿Guiliardi? ¿Guiliardi has dicho?-le preguntó al examinador que asintió con pereza-
-¿Por qué lo preguntas con tanta vehemencia querida?-Sangronis se levantó de la silla y cerró la carpeta donde tenía la solicitud de Gael-¿Acaso le conoces?
Meryl no se movió, no perdía de vista a Gael que le devolvía con igual intensidad la mirada.
-No-contestó Meryl ida-sólo me ha parecido…interesante, la verdad.
La chica del cabello negro brillante se dio media vuelta y salió de la habitación a una velocidad sorprendente. El examinador resopló una vez más resignado e hizo un ademán de despedida a Gael y se marchó también.
Minutos después Gael recogió sus cosas y abandonó el cuarto, pensaba, mientras recorría el camino hacia la salida del escenario, que Meryl lo observó de forma puntualizada, no perdió detalle alguno, sus ojos delataban que estaba asustada y sorprendida de que Gael pisara aquella compañía.
El tiempo estipulado por Sangronis transcurrió, y la carta del escenario llegó. Gael celebró de manera solitaria su aceptación, estaba en un frío dormitorio de un hotel de mala categoría. En la misiva le informaban que ya tenía disponible una habitación en el sector de residencias de la compañía teatral, la cual ocupó inmediatamente.
Así pues los días, las semanas y los meses se escurrieron como agua entre el cuenco de las manos, Gael ganó popularidad en el escenario tanto con sus compañeros como con los productores y el director del escenario. Se destacaba sobre los demás, obteniendo papeles menores y secundarios. Hasta que un buen día de junio la oportunidad tocó la puerta a el joven Guiliardi. A Liquidreams llegaba la visita de un renombrado escritor japonés que tras terminado su último proyecto, deseaba que fuese representado por los artistas del circo de Kotaru Fuyusuki.
-Tengo entendido que sus estrellas son la señorita St. Claire y el señor Kawura-fue lo primero que dijo Matoshiro Ondo, había solicitado una reunión con todos los acróbatas del escenario, el director y los productores-y evidentemente los roles principales los encarnarán ellos dos-Meryl St. Claire hizo una leve reverencia al escritor-más necesito que un nuevo talento despierte, quiero descubrir a mi héroe del tiempo...
Gael no esperó a que las indicaciones terminaran de ser dictadas, y por el rabillo del ojo notó que Meryl tampoco lo hizo. Ambos casi corrieron al escenario, se subieron y dieron un salto impresionante hacia el trampolín que provocó que se alzaran unos metros en el aire, pero no lo suficiente para alcanzar los trapecios del medio. Volvieron a dar otro bote que les hizo salir disparados a gran altura, cada uno logró asir con precisión un trapecio a barra, se desplazaron con vigor y luego ejecutando distintas maniobras: Meryl un giro completo sobre sí misma, y Gael vueltas continuas en su propio eje, llegaron a una “pata” distinta de la araña, estaban polo a polo, se miraron por un instante con furia contenida. De pronto su campo visual fue cortado por Obito, que se atravesaba mientras ejecutaba un complicado salto. Fue de un trampolín a otro dando diversos y magníficos molinetes, y al estar en la banda elástica del centro, tomó un gran impulso y al elevarse tensionó brazos y piernas hacia atrás, tomó sus pies con sus manos y dando una vuelta lenta se soltó a tiempo para tomar la línea metálica con una mano, se impulsó posteriormente y como si pudiese caminar en el aire remontó en una de las patas de la araña tranquilamente.
Tanto Meryl como Gael se quedaron ensimismados, se perdieron en la corta interpretación de Obito. Los trapecios circulares no paraban de moverse ni un solo segundo. Gael se puso en marcha de nuevo tras un minuto inactivo, se dirigió hacia adelante utilizando el trapecio circular a modo de columpio y cuando estuvo delante se soltó, estiró sus brazos al máximo, y tomando uno de los trapecios del centro ejecutó varios giros trasponiendo una mano con otra, a la vez recorría una trayectoria de un lado al otro y cuando lo sintió adecuado se dirigió al trapecio circular que tenía más cercano, las manos le sudaban a montón, notaba como Obito dominaba con asombrosa habilidad el trapecio nuevo de Gendo, Meryl no se quedaba atrás, eran unos acróbatas increíbles, pero él debía superarlos costara lo que le costara.
Estuvieron desplazándose de un trapecio al otro como si huyesen de alguna cosa invisible, por largo rato, entonces Fuyusuki les dictaminó que bajasen del escenario y tomaran un breve descanso, en el cual lo jueces evaluarían el desempeño en desplazamiento, lo siguiente en la prueba sería el fénix dorado.
-¡No puedo creer que nos exijan realizar tal técnica!-se quejó Gael, se encontraban en un cuarto pequeño con tres sillas, un buró con tres botellas de agua y un sucio espejo. Meryl que sentada en la silla más lejana no había dicho nada en el tiempo que llevaban ahí confinados rompió el silencio.
-¿Tienes miedo Guiliardi?
-No empiecen-se interpuso Obito previendo la riña futura, aunque Gael no contestó nada, sólo miró con odio y asco a Meryl-Además Gael, no esperan que lo hagamos perfecto.
-¡De todas maneras es una estupidez!-se volvía a quejar el del pelo plateado-¿Por qué demonios no nos fue informado antes?-preguntó al aire-o ¿Por qué rayos nadie se molestó en informármelo? Ustedes dos tienen conexiones, bien pueden haberlo sabido desde el inicio de esto.
-¿Qué?-saltó Obito ofendido-no inventes ¡Estás yendo a lo paranoico!
-¿Paranoia?-cuestionó Gael-Obito tú tienes a Gendo, el autor de la obra, es tú mejor amigo, son muy íntimos ¿Me dirás que él no te adelantó ni una sola cosa sobre la audición?-Gael se acercó a Obito amenazadoramente-y luego sigues tú, la persona más baja que he conocido, Meryl.
-¡Para ya con las ofensas Guiliardi!-exclamó obstinada Meryl-Que seas un cobarde no es culpa mía, nadie nos dijo nada.
-Tal vez me atreva a meter las manos al fuego por Obito, Meryl-respondió Gael ofuscado-pero tú eres una tramposa, una rata de cañería, Junto a Misato hacen un dúo de arpías fatuas imbatible-Meryl bramó estridentemente y corrió hacia Gael y se le tiró encima-¡Apártate idiota!-Gael empujó a Meryl y se alejó unos pasos.
-¡EL FRACASO TE PERSEGUIRÁ SIEMPRE GUILIARDI!-vociferó Meryl-Fracasaste antes, y lo harás ahora, y lo presientes, por ello estás buscando culpables antes de los resultados.
La puertecilla desvencijada crujió al abrirse, Misato les observó con el entrecejo fruncido, los tres postulantes tenían la respiración agitada y los ánimos caldeados.
-Sus gritos se escuchan en el escenario-les reprendió-¿Hasta cuándo tendremos esta clase de actitudes?
-Hasta el día en el que seas sincera Misato-cortó tajante Gael-o hasta el momento en el cual yo llegue al límite y sencillamente decida gritar a los cuatro vientos todo lo que sucedió en el festival circense-añadió con desdén, Misato tuvo un espasmo nervioso en el ojo derecho y se apartó cuando Gael salía del cuarto.
-¿Qué fue lo que sucedió?-preguntó Obito a Gael, corrió para alcanzarle en el pasillo antes de llegar de nuevo al escenario.
-No es de tú incumbencia Obito-replicó Gael sin detener su caminata-Además, aún no es tiempo de que lo sepas.
Gael salió al escenario adoptando un semblante de radiante felicidad. Sin embargo lo dicho por Misato era cierto, todos los presentes le miraron como si le reprocharan su mala conducta. Gael tomó asiento unas filas atrás del jurado, al rato Obito hizo lo mismo y Meryl los imitó.
-Si ya han decidió comportarse como adultos, la prueba continuará-sentención Kotaru Fuyusuki-por favor Meryl, serás la primera en ejecutar el fénix dorado.
Cuando Meryl tomó el trapecio triangular el silencio los arropó a todos, el corazón de Gael empezó a latirle con fuerza, no creía que la chica lo lograse pero sentía una inquietud latente. Se le veía muy segura, y la conocía bien, todas las trampas, fraudes y engaños que cometió en el pasado la perfilaban como una persona deshonesta, Gael sospechaba de Meryl en todo. Se le hizo un nudo en el estómago y apretó los puños en el momento en el que la chica empezó a girar sin parar, deseando fervientemente, y sin estar al tanto que Layla le apoyaba, fallase.