Acto VI: "El dilema del Erizo"
Acto VI
El dilema del erizo
Obito despertó sobresaltado, le costó un tanto abrir al máximo sus ojos, se sentía cansado, de hecho jadeaba y su respiración era cortada por un silbido extraño que producía entre su pecho y su garganta. No sabía dónde se encontraba, ni que le había sucedido, el último recuerdo de realidad que llegaba a su pensamiento, era en el cual discutía sobre la integridad de Meryl, y esperaban los resultados en aquella asfixiante sala del escenario. El techo de la habitación en la cual se encontraba era blanco, una extensión que daba la impresión de no tener fin, en el centro tenía una lámpara del mismo color, en general toda aquella habitación poseía un monocromático blanco, que incomodaba al pelirrojo, quien trató de incorporarse pero no pudo, aún carecía de las fuerzas necesarias para hacerlo, y no era que estuviese mal físicamente, pues se sentía perfecto, sino que el efecto de los fármacos aplicados no terminaban aún, y ejercían su efecto secundario en su musculatura.
El muchacho trató de relajarse, cerró los ojos de nuevo para concentrarse en algo vacío, en un pensamiento vago sin sentido, pero no pudo. Abrió de golpe los ojos de nuevo y fijó su vista en la puerta azul oscuro que tenía delante de la cama en la cual yacía. No supo porqué, pero de pronto el intenso color de la puerta le hizo recordar muchas cosas, se sintió muy mal de pronto, y simplemente dejó aflorar las lágrimas, de sus ojos empezaron a brotar muchas lágrimas que resbalaban rápidamente de su rostro terso y noble. Aún no podía creer que Meryl, alguien que según él conocía fuera una persona tan baja, de llegar a hacer lo que fuese necesario para obtener su beneficio, seguir en el poder, en la cima, no concebía como podía llegar a lo más insólito por obtener lo deseado y codiciado.
Una huella de soledad se asentó en su corazón de un segundo a otro, aquella chica de cabello negro y de actitud pendenciera en muchas ocasiones, por más increíble que pareciese, le sacó de apuros, lo ayudó cuando su familia se fue para no volver jamás, le ofreció su hombro, lloró sobre él, le abrazó demostrándole que no era de piedra, sin embargo, todo lo que últimamente rondaba alrededor de Meryl, sus actos, su pasado, las cosas que había hecho y él aún no sabía ¿Quién era en realidad? ¿Conocía realmente a Meryl St. Claire?
Con trabajo Obito limpió su cara, no valía la pena llorar por Meryl, probablemente ella ni lo apreciaba, él que la consideraba una buena amiga, a pesar de todas las situaciones incómodas que habían resultado en última instancia, se sentía traicionado.
La puerta azul se abrió lentamente, Obito se sobresaltó, retuvo su llanto y volvió a enjugar sus ojos, le escocían por lo que pudo deducir que los debía tener un poco rojos e hinchados. Primero apareció la cara de Gendo que miró con preocupación en dirección de Obito, y al verle despierto, el semblante de miedo fue sustituido por una sonrisa sincera con tal poder de alegría que sin poder evitarlo, el pelirrojo compartió la sonrisa, y esbozó una pero algo torpe y maltrecha. Gendo se adentró a la habitación, cerró la puerta con cuidado y se acercó lentamente a Obito, no dijo nada, tomó asiento en un banco pequeño de madera que estaba a un lado de la cama, y se quedaron mirándose por largo rato. Obito no sabía que decir, quería preguntar muchas cosas, como cuantos días habían pasado desde que estaba en cama o quien había ganado la audición, pero decidió que lo mejor era esperar que Gendo empezara a hablar, pero no lo hacía, y Obito empezaba a desesperarse. Entonces en el momento que rompería el silencio, Gendo suspiró y dijo en un susurro poco audible
-Nunca debí hacerlo…
-¿Cómo dices?-preguntó Obito ladeando la cabeza, no entendía a que se refería Gendo.
-Yo… yo lo he complicado todo Obito… y de una manera que a simple vista, parece imposible que una sola persona pueda causar tanto alboroto y desequilibrio-Gendo tenía la voz frágil y en cualquier momento perdería la estructura e irremediablemente sucumbiría al llanto. Obito sabía lo sensible que podía llegar a ser su amigo, aunque muchas veces se comportaba frío, amargado, callado y distante, Gendo no podía ocultar su verdadera personalidad a Kawura, quien sabía de que estaba hecho.
-Gendo no entiendo muy bien…
-¡Obito!-chilló Gendo-Obito… mi estúpido empeño de nadar en contra de la corriente ha hecho que todo se salga de la normalidad, no debí presentar la obra ante mi padre…
-¡No digas eso!-espetó Obito-deshazte de esa idea tan tonta, eres un escritor genial.
-¡No lo soy!-se quejó Gendo-yo…-gimió-…todos tenían razón, Agatha y Aarhus me lo han dicho claramente, y he oído… muchas cosas sobre mi padre, y la quiebra del escenario.
-¿Quiebra del escenario? ¿Lo dices en serio?-preguntó Obito sentándose en la cama, el esfuerzo le llevó a respirar mucho más rápido y entrecortado.
-Eso dicen algunos de los productores, y entre los actores se baraja ya el asunto, Agatha me lo tiró en cara cuando decidíamos quien se haría con el estelar, y ahora Erick McDouglas ha dado en el clavo por fin, puso la mirilla en Liquidreams en el momento preciso, ya nos venimos abajo-Gendo restregaba sus manos, estaba hecho un mar de nervios, tenía la mirada clavada en el suelo de granito.
-Gendo…
-Obi…-se tapó el rostro el escritor-Obi, está volviendo a mí el límite, no lo puedo evitar, estoy comenzando a sentirme mal… el límite ha vuelto…
-¡Gendo no! No lo…-Obito no pudo continuar hablando, su amigo se había echado a llorar, oscilaba de adelante hacia atrás sin poder contenerse. Obito estiró una de sus manos y tomó el rostro de Gendo y le obligó a mirarle justo a los ojos.
Fuyusuki Gendo estuvo gran parte de su vida sólo. Tenía un padre, tuvo una madre. El primero siempre fue extremadamente recto, exigente y sobretodo intransigente. La segunda lo abandonó a los catorce años, puede que ya estuviese grande, que no es lo mismo que se hubiese ido cuando apenas era un niño, sin embargo, la mayor parte de su vida, la mujer estuvo alejada del niño, era compositora, directora de orquesta y tocaba el violín de manera extraordinaria, por lo que en todo lo que era del año, estaba de gira. Gendo siempre pensó que se avergonzaba un tanto de su esposo, y por eso se alejaba, dejándole a él atrás. Por lo tanto la mano dura de ese hombre fue la que le crió, la que lo hizo triste, tímido y lleno de dolor, ya que ante los ojos de Kotaru Fuyusuki nada más tenía valor que las potentes luces de los reflectores sobre el escenario, y las grandes historias que le eran presentadas por su diverso grupo de escritores, todo eso opacaba a su pobre hijo.
A la madre de Gendo siempre le gustó escribir, era aficionada a ello, y en su afán de que la vena artística permaneciese en la familia, instó a su niño ha aprender en una reconocida academia de escritores, él lo hizo alegre y gozoso, pues la adoraba y amaba, deseaba complacerla. El padre del niño estuvo en desacuerdo, sin embargo quería sinceramente a su mujer, y le permitió aquel capricho. Gendo estuvo mucho tiempo en la academia, pero en cuanto la mujer los abandonó para siempre, su padre le obligó a salir de allí. A Gendo le dio todo igual, pues estaba completamente deprimido.
La convivencia de aquel año sin la madre de Gendo fue horrible. No sólo ambos se castigaban pensando que ella ya no estaría más allí y no fuese a volver jamás, que los había dejado de manera precipitada, sino que además creían que el error había sido del otro. Pero como no estaban capacitados para hablar entre ellos, la relación fue cada vez más tensa. Finalmente, Kotaru decidió que no podía lidiar más con su hijo, pues no tenía la preparación necesaria y no iba a disponer de tiempo para ello, envió a Gendo a la universidad, una convenientemente lejos, para que viviese solo, al muchacho dicha palabra no lo asustó, pues a fin de cuentas se daba cuenta que así había estado toda su vida. Solo.
Pero la universidad no duró para siempre, Gendo se graduó en cargo empresarial, más nunca ejerció su título profesional, pues su pasión era otra muy distinta, y la quería retomar, su terapeuta le hizo saber que la mejor manera de dejar atrás los límites con los que había crecido, el no acercarse a la gente y no permitir tener contacto interpersonal, se debía a la mala conexión que tenía con su padre en desde el pasado.
Así pues Gendo volvió a la ciudad donde su padre había instaurado su compañía, entonces lo intentó. Aspiró entrar al escenario Liquidreams como acróbata y no lo logró, su salud se lo limitó y la vergüenza en el rostro de su padre fue tangible, el muchacho se sintió nuevamente rechazado y abofeteado por la crueldad de la vida al no darle opción de tener el consentimiento que tanto quería de su padre, necesitaba ser aprobado por él de manera patológica, por lo que el chico decidió entrar en el corazón endurecido del viejo Kotaru escribiendo, así pues Gendo comenzó a escribir y escribir, pero su padre lo rechazaba una y otra vez.
Deshecho Gendo no tuvo más opción, se quedó al lado de su padre, relegado en las sombras, participando en actividades de menor responsabilidad en el escenario, pensando cada día con más vehemencia: “Solo nací, solo crecí, solo abandoné mi casa, solo llegué a la universidad, solo salí de ésta, y continúo estando solo”. Entonces una semana después conoció a Obito, y así, en contra de su voluntad, dejó de estarlo.
Y ahora qué había, después de tanto tiempo hacerse con la aprobación de su padre, nada iba como se lo imaginaba, su trastorno volvía a aparecer, construiría el denso y grueso muro para ocultar su vida, tener de nuevo el caparazón, y así alejar a quien quisiera acercársele. Sin embargo, Obito no lo permitiría, entrar a la vida de Gendo le costó muchísimo, ser su amigo fue uno de los trabajos más difíciles en su vida, y no lo abandonaría, no allí en un desolado mundo de límites personales.
-Basta… deja de llorar por nada Gendo-dijo Obito acercándose a su amigo-debes luchar por lo que es tuyo por derecho. No dejaremos que se vuelva a apoderar de ti el pasado ¿me entiendes? ¡Lucharemos juntos! No te dejaré caer en el vacío, nunca.
El aludido asintió, se deshizo del agarre de Obito, y se limpió las lágrimas, de pronto su rostro se ruborizó un tanto, apenado por la situación generada. Gendo parecía un niño recién nacido, siempre frágil, siempre inocente, vulnerable y sensible.
-Lamento ser tan débil Obi.
-Todos tenemos nuestros momentos de flaqueza-Obito se carcajeó-además cuando ando mal me das ánimo ¡Venga ya hombre, anímate!
-Si…-Gendo se levantó del banco-me diste un susto ¿Sabes?-Gendo se fue a mirar por una ventana-en el momento en el que te desmayaste, quedé de piedra.
-¡ah!-Obito rió por lo bajo-de verdad lo siento, no estaba eso incluido en el itinerario-la tensión se disipaba-pero dime ¿Cuántos días tengo aquí?
-¡Bueno Obi!-Gendo se volteó para verle-ya con hoy vas para cuatro días, los dos primeros estabas inconsciente por completo, luego ayer te despertaste, pero al parecer no estabas consiente del todo, hoy, de hecho es la primera vez que hablamos desde el día de la audición.
-¡Cuatro días!-gritó Obito, puso los ojos como platos, se mordió el labio inferior levemente, el corazón le saltó cuando oyó la palabra “audición” de parte de Gendo-¿Qué sucedió con la audición Gendo?
Gendo no respondió al instante, de hecho para Obito no fue necesario que hablase, su amigo demostró una felicidad innata, completamente extraña para su persona, eso le daba a entender que lo había logrado contra todo pronóstico desfavorable.
-¿Lo he… logrado?
-No fue algo que se te concediera a todas voces Obi, pero sí, el papel es todo tuyo.
El sol se ocultó de pronto, su brillo enceguecedor desapareció repentinamente, cuando un grupo de amenazadoras y tensas nubes grises se aglomeraron frente a él, opacando su majestuosidad, se cernían sin un dejo de misericordia, ocultándole, dejándolo ajeno a las miradas, a la admiración, a la devoción que tanto estaba acostumbrado, para ser sustituido, por un chubasco, una débil lluvia, que pronto si las condiciones estaban dadas, se convertiría en una gran tormenta, que no permitiría que el astro brillase por muchas horas, tal vez días, posiblemente meses.
La temporada de lluvias se colaba inusitadamente, y para Meryl St. Claire la misma naturaleza le estaba diciendo a grandes voces que su caída no pararía, que su camino al ascenso había terminado, y tal cual como queda el sol oculto tras el cielo grisáceo que amenaza con tormenta, ella había sido desplazada por Obito, pero el causante de todo el revuelo, de su nerviosismo, de sus malas decisiones había sido el idiota de Gael Guiliardi. Si él no hubiese intervenido, quizás la indocta obra de Gendo Fuyusuki jamás hubiese salido del oscuro y frío rincón al cual estaba acostumbrado el arrogante autor, sin embargo la aparición del acróbata de pelo plateado había sido el principio del fin para Meryl. Y ahora, siendo relegada del puesto principal del escenario, estaba abandonada, allí en el enorme sofá oliva ubicado en el centro de la sala de estar de su casa, sola sin un rastro de Misato, ni un ápice de su representante a quien había ofendido de manera absurda… Misato…
La muchacha de pelo negro abrió los ojos para constatar que el tamborileo que se escuchaba en la ventana era producto de la caída del agua, al ver la lluvia no pudo evitar sentirse peor, deprimida a la vez llena de cólera e ira ¿Cómo podía ser posible que en menos de una semana todo se hubiese ido a la basura? Ella no sabía las terribles consecuencias que traería su pendenciera actitud para con los demás, siempre supuso que estaría en la cima, y que todos los que le rodeaban tolerarían sus actos de malacrianza, que cualquier persona estaba obligada a subordinarse a sus mandatos.
Meryl abrazó sus piernas y hundió su rostro en ellas, comenzó a llorar desconsoladamente, vacía siempre había sido, y ahora que el encantamiento se había deshecho, notaba la soledad con la que todo el tiempo había vivido, esa con la que iba de la mano, la cual no sentía cercana porque el brillo de la fama le opacaba. Despreciada por aquellos a los que consideró cercanos, había mandado a sus dos amigos lejos de su persona por cómo se comportaba ¿Por qué lo había hecho? ¿Cuándo había dejado de ser feliz? ¿Cuándo había perdido el camino hacia la tierra prometida? ¿En qué instante de su vida la pasión y el amor que sentía por el arte se había esfumado, y un sentimiento de crueldad y vanagloria se apoderó de todo su ser? Siempre estuvo ciega, ella lo quiso así, oculta bajo las espinas para no ser dañada, allí desde donde podía herir y vivir en paz con ese espíritu de autodestrucción que le incitaba a ir por un camino enturbiado y lleno de barrancos y desfiladeros.
De pronto alguien tocó la puerta. La chica dejó de gemir y sollozar, levantó lentamente la cara y dirigió su mirada a la puerta de madera lustrada y de truncadas formas talladas. El toque resonó intensamente, la persona que esperaba, apremiaba, se notaba su ansiedad. Meryl frunció el ceño, nadie que no fuese Misato, Obito y Kotaru Fuyusuki sabía la ubicación de su residencia. Se limpió las lágrimas del semblante y antes de dirigirse a la entrada de su casa, se observó en el espejo, no tenía su acostumbrado aspecto altivo acompañado de su belleza deslumbrante, pero no estaba tan mal, sus ojos no parecían hinchados y no daban indicios de haber llorado largo rato.
El pomo de la puerta, dorado y de forma cuadrada, giró entre las manos de la chica, que sin echar una ojeada previa por el ojo de pez, abrió sin más, y al ver de quien se trataba, su cuerpo quedó hecho de piedra en el umbral, mirado a su visitante dando poca credibilidad a sus ojos.
-Parece que has visto un fantasma mi querida Meryl-la seductora voz de Yuri Quilliam intoxicó a Meryl, que respiraba poco y entrecortadamente-¿Me dejas pasar?-pero la pregunta venía acompañada de la acción, el hombre pasó a la residencia de la joven St. Claire y tomó asiento en el sofá oliva.
-Yuri…-fue lo único que pudo susurrar Meryl, aún sin dar crédito de lo que acababa de pasar. Trancó la puerta y giró sobre sus talones para ponerse en marcha hacia la sala de estar-… ¿Qué… qué haces aquí?
-¿Acaso no es obvia la respuesta a tú pregunta Meryl?-Yuri tenía las piernas cruzadas y los brazos extendidos en el hombro del sofá, su semblante se regodeaba, miraba a la chica de arriba hacia abajo, esbozando una desdeñosa sonrisa que dejaba ver su perfecta dentadura.
-Yo…
-Creo que la onda depresiva no te deja pensar claramente, Meryl- interrumpió Yuri a Meryl, él era rubio, tan rubio como Layla o más. Tenía en las facciones reflejadas el cansancio y los golpes que le había tocado llevar en la vida. Una gran línea de expresión surcaba su frente, debajo de los ojos tenía pequeñas bolsas un poco oscuras, denotando que no tenía placenteras noche de sueño, aún así, con todo lo envejecido que se veía Yuri Quilliam, no dejaba de ser atractivo para Meryl, que estaba bastante tocada por el hombre-¿No crees que han pasado ya muchos días? ¿Cuatro? No pensé que fuera yo quien te tuviese que venir a buscar después de todo Meryl, creí que la noticia te había puesto en sobre aviso.
-¿Entonces si fuiste tú?-preguntó Meryl, parada frente a Yuri con el corazón a mil, los latidos sonaban en sus tímpanos con fuerza-No quise creerle ni una palabra a Layla, pero si tú mismo has venido a confirmármelo…
-¿Quién podría haber dado la buena nueva sino yo, Meryl?-volvió a atajar la oración de la chica Yuri, bufó y negó un tanto con la cabeza-de verdad no sé cómo es que Fuyusuki aún te tenía como la estrella del escenario, tan pobre de todas las actitudes y aptitudes que un verdadero artista debe poseer.
-¿Yuri por qué me hablas de esa manera?-Meryl sentía como si le hubiesen proporcionado una bofetada, el rubio estaba siendo bastante rudo con ella, ¿Dónde quedaban todas las palabras que usaba para engatusarla o es que simplemente la había usado para un fin?
-¿De qué manera quieres que te hable?-espetó Yuri-no mereces mi habla, simplemente estoy aquí para hacerte entender, para guiarte hacia el camino de la destrucción que tú misma has de labrar.
Meryl se mareó un poco, se llevó una mano al pecho como para contener su agitado corazón, más no dijo nada.
-Cuatro días Meryl, tuviste cuatro días para descansar, para prepararte psicológicamente para lo próximo, para lo que ha de caer sobre tus hombros-Yuri se inclinó hacia Meryl-es tiempo de que recojas todo lo que sembraste en una oportunidad, debes recibir todo, la misma cantidad de mierda que lanzaste a los demás.
-¡¿De qué demonios estás hablando Yuri?!-Meryl puso los ojos como platos soperos, las pupilas le vibraban de manera exagera-¡No entiendo nada de lo que dices!
-¡No entiendo! ¡No entiendo!-se burló de manera socarrona Yuri de la chica, a continuación se levantó y comenzó a rondar en forma circular alrededor de Meryl-Lo sabes Meryl, tú conoces todos los detalles, simplemente decidiste dejarles en algún sitio de tu memoria ocultos, para no enterarte de ellos nunca más.
-Yo no…
-¡Lo sabes!-cortó Yuri con un grito fulminante-a veces me pongo a pensar detenidamente, y no logro comprender como haces para poder vivir con la inmundicia de tu ser.
-¡¿Cómo te atreves?!-Meryl no podía moverse, sentía como ningún músculo de su cuerpo quería reaccionar, su cerebro empezaba a desempolvar memorias, recuerdos ¿Qué podía saber Yuri Quilliam de ella? Él la conocía desde hacía pocos meses para acá ¡Imposible que supiera nada! Misato era la única que estaba enterada de todo lo que Meryl había hecho en el pasado.
-Me atrevo a eso y a mucho más ¿Acaso tuviste límite alguno para llevar a cabo todas tus fechorías St. Claire?-Yuri detuvo su marcha-Quiero vengarme de ti, y ya he dado el primer paso, y veo que no lo has superado del todo, es fantástico como unas simples palabras bastan para sacarte de orden Meryl, aunque puedo hacer más que dar datos incoherentes a la prensa, Meryl… puedo hacer, mucho más. Yo sé demasiado, pero no quiero jugar sucio.
-¿A qué te refieres? ¿Qué es lo que sabes? ¡Estás mintiendo!-la voz de Meryl estaba quebrada, ya no podía estar en calma, temblaba, sola como estaba no saldría de ese aprieto, necesitaba a Misato.
-Todo Meryl, se la hora exacta que pisaste el aeropuerto de Francia para dirigirte a tú primera participación en el Festival Circense, se los puntos a los cuales visitaste, tengo todos los registros de tus llamadas, se lo que hiciste la noche anterior a tú presentación ¡Tengo las pruebas contundentes para tu destrucción total!
-¡YURI NO!-Meryl cayó de bruces al suelo, la fuerza de sus piernas le abandonaron, gimió, sentía una punzada terrible en su pecho, no podía respirar bien, se sentía aprisionada, necesitaba salir de allí-Yo no…
-¡Cállate!-Yuri apretó sus puños-¡Cállate miserable!
Hubo silencio de pronto, Meryl se cubría el rostro y no paraba de temblar, sentía ganas de vomitar, y en cualquier momento lo haría, su pasado la había alcanzado de una manera inexplicable, no se había percatado de ello, estaba contra la pared en un callejón sin salida, primero Gael y ahora Yuri ¿Cómo rayos se había enterado Yuri? Debía calmarse, no perder la cordura delante de él ¿Y si tal vez él sólo estaba lanzando sus cartas al azar? Para ver que conseguía, la chica estaba en una mala situación, débil mentalmente, deprimida y triste, Yuri la acosaba y estaba ganando terreno, pero simplemente era por cómo la había conseguido. No le permitiría avanzar más, saldría de esa molestia, luego debía localizar a Misato donde fuese.
-Deberías irte Quilliam-Meryl trató de levantarse pero Yuri colocó uno de sus brazos sobre su espalda y la inmovilizó-¿Qué…?
-¿Has despertado? ¿La verdadera fría y antagonista St. Claire ha despertado?-preguntó de manera maniática Quilliam-¡Hasta que se dignó!-añadió alzando la voz-¡Me alegra mucho que haya salido a la luz tu verdadero ser Meryl! Y no andes más con esa patética máscara de niña moribunda que necesita ayuda ¡Porque quiero hablarle a la verdadera St. Claire! Así que escucha con atención porque no lo repetiré.
>>Vamos a jugar algo muy divertido, el juego de la redención. Es uno donde su único participante tiene la libertad de empezar su autodestrucción por donde mejor le parezca ¿Me vas entendiendo?
Yuri gritaba ya, fuera de sus casillas, Meryl tenía la mirada clavada en un punto muerto del sofá.
-¡¿ME ESTÁS ENTENDIENDO, MALDITA?!-Yuri agitó a Meryl quien chilló y gritó un si extraño, el hombre la obligó a cogió de un brazo, la levantó y la empujó al mueble. Meryl cayó bruscamente en el sofá y miraba aterrada a Yuri, a quien se le había descompuesto la cara en una mueca maniática y psicótica.
-¡Cálmate Yuri, por favor!
-¡Has silencio Meryl! Quiero que estas palabras queden grabadas en tu cabeza para siempre y que sientas de un modo u otro todo lo que ella sintió ¡¿Me entiendes?!-los colores se le habían subido al rostro al rubio, respiraba frenéticamente, la chica se encontraba completamente pasmada y asustada hasta los huesos-acabarás con la reputación que tanto te costó formar St. Claire, tú misma lo harás, te llevarás a lo más profundo del abismo.
-¿Acaso piensas que lo haré?-refutó Meryl sacando valor de donde no tenía, se medio incorporó en el sofá-¿Pretendes que yo Meryl St. Claire me someta a tu voluntad?
-Lo harás-dijo Yuri sin más, como si su palabra fuese ley-necesito verte sufrir, será la única forma en que pueda volver a dormir con tranquilidad, debo ver como poco a poco sucumbes ante el dolor Meryl, pero ese dolor debe venir desde lo más profundo de tu inmundicia.
-¡Eres un idiota Yuri! ¿Realmente piensas que buscaré mi propia difamación y autodestrucción?-Meryl encaró a Yuri, de repente a pesar de todas las cosas horrorosas que decía Yuri y con la seguridad con la que lo hacía, le parecieron de poca importancia, debía ser fuerte, pues al final de cuentas, siempre salía bien librada.
-Ya verás Meryl que lo harás, haciéndolo tú te sentirás un poco menos miserable-contestó Yuri después de lamer sus labios de con lascivia-Si el dolor que sientes, es generado de una necesidad psicótica por la autodestrucción que yo induciré, créeme, será mucho más liberador, que aquel que puedo causarte al abrir la puerta de las posibilidades.
A Meryl le costó tragar su propia saliva, sin embargo trató de acompasar su respiración y no bajar la guardia ante ese altanero Yuri.
-No tienes nada con lo que hundirme Quilliam.
-¿Así lo crees?-Yuri empezó a reír de una forma estridente y demente, cuando paró de hacerlo continuó hablando ante una perpleja Meryl-deberías temerme St. Claire, aunque también agradecer que te estoy dando la oportunidad de que seas tú de manera voluntaria la que se lance a los buitres para ser devorada, ser tú la que llame a la prensa y diga lo asquerosa que eres.
-¿Entonces, tu trabajo de ahora en adelante será hacer que mi vida sea una desgracia?-replicó Meryl, que volviendo a estar muy asustada, no encontraba con que defenderse de Quilliam.
Yuri, se sacudió el cabello, miró por una última vez a Meryl y caminó hacia la puerta de salida, colocó la mano en el pomo de la puerta y mientras lo giraba agregó:
-La mayor desgracia que ha caído en tu vida, Meryl, es el haber nacido, y no tanto el nacer sino crecer y vivir hasta hoy para dar fe de que tu existencia ha dado un gramo más de inmundicia al mundo-Yuri abrió la puerta-dejaré que pienses cual va a ser el primer paso a dar para generar la reacción que te llevará a la miseria, quiero que me llames para que me tengas informado ¿Vale?-Quilliam rió a carcajada limpia y se fue cerrando de un portazo.
Meryl se sentó pesadamente en el sofá, no podía creer todo lo que acababa de pasar, Yuri Quilliam amenazándola ¿Acaso si tenía pruebas verdaderas? No lo podía saber concretamente, pero de una cosa si estaba segura, era que Yuri Quilliam era capaz de ir en pos de ella de cualquier manera, en donde fuese, ya había atacado con la prensa… ¿Podría ser que de ella no hacer lo que él le encomendaba diera otra embestida? La muchacha se mordió ligeramente el labio inferior, debía arreglar las cosas con Misato pronto, ella era la única que podía ayudarle a salir de ese enorme problema que se le había presentado.
-¿Dónde estará la sensiblera de Misato?-Meryl bufó y miró hacia la ventana, llovía, la naturaleza aún insistía…
Había pasado exactamente una semana desde las audiciones para el rol principal en la obra escrita por Gendo Fuyusuki. Ya toda la plantilla de los actores sabían el resultado final, Obito Kawura se había impuesto por sobre la influencia de Meryl St. Claire y las habilidades de ésta y del otro participante, quienes al enterarse que era Gael Guiliardi se llevaron una tremenda sorpresa por la repentina aparición del joven acróbata.
Las actividades en el escenario volvían a una marcha regular, Gendo corría de un lado para el otro junto a los productores, Fuyusuki se encargaba de los ensayos de los actores con roles secundarios, mientras que Layla y Dan estaban con Obito y la nueva pareja de escena de éste practicando para las complicadas acrobacias y retos que imponía la obra.
-¡Te he dicho que lo hagas más alto!-gritaba Layla por quinta vez mientras Obito daba tres vueltas rápidas en el aire y fallaba en el agarre de un trapecio de barra en una posición alta, el muchacho caía otra vez en la red de protección cansado, no podía estar más extenuado, su semana no había sido la más fácil en toda su vida. Después de salir del hospital fue directo a un cambio de imagen y una tediosa sesión de fotos en el estudio del escenario para la promoción de la obra de manera gráfica.
Para bien o para mal, la obra seguía hacia adelante, la conferencia para anunciar el proyecto de la temporada a la prensa y a los demás críticos fue un inferno total, las preguntas iban como afilados cuchillos dispuestos a cortar a quien se atravesara en el camino, Fuyusuki tuvo que darla por terminada, cuando empezaron a juzgar el buen entendimiento de Gendo y de Obito por querer interpretar el rol principal que según ellos, era el papel de la muerte. Nadie de la prensa se podía tragar que Layla Hamilton apoyase la propuesta de Kotaru Fuyusuki, y la mayor sorpresa era que Dan Psyus daba un rotundo si a la dirección de rutinas de la obra.
La prensa siempre criticaba aunque en esa oportunidad se estaban excediendo bastante, y con Erick McDouglas echando más leña al fuego, sobre todo cuando se enteró que el otro participante de la obra había sido el desaparecido Guiliardi, estuvo con ello por tres días consecutivos. Para Obito nada de eso era nuevo, la mayoría del tiempo siempre era el coprotagonista de Meryl, por lo que tenía el foco de los reflectores sobre él, hacía las promociones con la chica, sin embargo ser la figura de central atención era definitivamente muy distinto que ser el segundón, un subordinado más.
Así que después de tanto jaleo con la prensa y los afiches promocionales, Obito se encontraba practicando junto a Clémence Merveilleuse una de las acrobacias más complicadas de la obra. Layla había sido la delegada para supervisar el entrenamiento, su manera de dirigir era grandiosa pero en gran manera exigente, Obito jamás había sentido tanta presión por parte de Fuyusuki.
-¡Lo estás haciendo cada vez peor Obito!-se quejaba Layla mientras caminaba en busca del guión-¿No lo has leído bien?-dijo agitándolo para llamar la atención del pelirrojo-¡Debes tomar un impulso feroz!-gritó porque estaba alejándose para ir a abrir la puerta que la tocaban-Sino lo haces…-continuaba hablando mientras abría-… ¡No llegarás donde Clémence!-la aludida soltó una risita, se columpiaba en un trapecio circular a unos dieciocho metros del suelo. Layla dejó entrar a quien tocaba. Era Gael.
-¿Guiliardi?-preguntó Obito, bajaba de la red de protección para ir por un poco de agua-¿Qué haces acá Gael?-preguntó dirigiéndose al de pelo plateado que caminaba con sorna admirando toda la sala de entrenamientos.
-Se ve majestuoso-dijo Gael esbozando una sonrisa-me hubiese gustado estar aquí entrenando ¿Cómo vas allá Merveilleuse?-Gael agitó su mano en respuesta al saludo de Clémence-¿Qué tal te va con las complicadas acrobacias? Las vi en la computadora de Gendo y ¡Vaya que tienes trabajo Obito!-ambos acróbatas rieron.
-¿Está espléndida la conversación?-preguntó Layla que los alcanzaba junto a Dan-¡No tenemos tiempo para eso Gael! ¿A qué has venido?
-Fuyusuki les manda a decir que ya está listo el campamento de entrenamiento de las montañas-anunció Gael y rió-yo iré con ustedes, parece que hay un ligero cambio en el guión, y seré la contraparte de Obito.
-¿En serio?-preguntaron al unísono Obito y Layla.
-¿Ya terminaron con el escenario en la montaña?-Layla no salía de su asombro-¡Lo que pueden hacer un par de palabras de Kotaru!-Layla bufó cansada-Pues Obito, lo intentamos un par de veces más y te vas a descansar, mañana mismo partimos para la colina Eton ¡¿Has oído Clémence?!
-¡Oh señogita Layla!-exclamó con un perfecto acento francés la delgada Clémence-¡Estoy a una altuga suficiente como paga no entendeg muy bien lo que dicen!-la chica se rió estridentemente-¿Qué ha dicho el joven Guiliagdi?-los gritos resonaban en toda la sala.
-¡Iremos a Eton!
-¡Oh mon Dieu! Le camp nous a montré le réalisateur?-Clémence habló de manera rápida y casi ininteligible, la chica empezó a descender saltando de un trapecio al otro hasta llegar a la red de protección, de la cual se bajó rápidamente y llegó dando brinquitos alegres donde estaba Gael y compañía-¿Al sitio que Fuyusuki habló?
-¡Sí! Eton, donde hice mi entrenamiento para la técnica fantástica-respondió Layla, Gael y Obito la miraron sorprendidos.
-¿Fue allí? ¿Cómo es que ahora pertenece a Liquidreams?-preguntó Obito sin poder contenerse.
-Recuerda que Kaleido fue absorbido por Kotaru, antes de que los cerdos capitalistas quebraran al pobre de Calos, además, recuerda que Yuri ayudó a que el prestigio del escenario se fuera a pique-Layla endureció la mirada-Y lo mismo, creo, pretende hacer con Liquidreams.
-No se lo permitiré-dijo decidido Obito.
-Todos dependemos de que Meryl no haga ninguna otra estupidez-Layla se abanicó la cara con el guión de la obra-Gael gracias por la información, luego contactaremos a Kotaru para que nos de todos los detalles, de momento debemos seguir con el entrenamiento.
-No hay problema Layla-Gael se retiraba, pero de pronto se detuvo-yo seguiré con mi entrenamiento también, estoy practicando para el Festival.
-¿Has conseguido entrar?-Obito puso los ojos como platos-¡No me había enterado!
-Llegó hoy mi aprobación, Fuyusuki me postuló justo el día que volvió a contactarme-Gael se notaba muy feliz. Layla asintió con la cabeza y le dedicó un gesto de aprobación con la mano.
-¿Y los pases Fénix?-recordó Dan-¿No se los han hecho llegar a Obito o a Meryl?
-Pues los de Obito están a manos de Fuyusuki-contestó Gael-Meryl ha quedado fuera, la federación de ha dado motivos tangibles, sólo enviaron una carta diciendo que la candidata Meryl St. Claire no era apta para seguir participando en dicho festival de enorme importancia.
Gael no dijo más, se retiró. Obito subió las cejas todo lo que podía sorprendido, hacía días que no veía a Meryl y tampoco tenía mucho tiempo para pensar en ella, pero en el preciso instante que Guiliardi la mencionó una sensación de pesadez calló en el joven Kawura.
-Hasta que alguien se digna a ver quién es en realidad la canalla de St. Claire-Layla tomó asiento en una silla metálica maltrecha-¡Vamos Obito desde el principio!