"El eco de un desagradable recuerdo"
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Acto III
“El eco de un desagradable recuerdo”
Fukaina kioku no ekō
Meryl estaba nerviosa, y eso no era una conducta normal para ella. Más desde la llegada de Gael Guilliardi y el repentino interés de Clémence en el protagónico, cualquier cosa por más simple que fuese la alteraba y sacaba de quicio fácilmente. La pareja imbatible había vuelto bajo sus narices sin percatarse, se sentía atrapada y acosada, por un pasado que aparecía de manera repentina y agobiadora, nunca había reparado en que debía prepararse para afrontarlo, pues no creyó jamás que volvería demasiado pronto.
Ese sábado caía una ligera pero pesada llovizna, denotando que definitiva e inequívocamente había llegado esa temporada del año en la cual las precipitaciones no daban tregua alguna, donde siempre el cielo luciría un tono grisáceo, y las nubes amenazarían con tormenta constantemente. Y entre la fría y borrascosa lluvia, los fuertes vientos, la presión inminente de la audición y la quejumbrosa voz de Misato vociferando sermones cada dos por tres al teléfono, Meryl no se podría concentrar de manera total. Como no pudo continuar durmiendo debido a las ansias, a eso de las cinco de la mañana la chica se dirigió al área de entrenamiento personal en su casa, calentaba los músculos, el gran día había llegado y no ser permitiría que una oportunidad así de grande se le escapase de las manos. Y por muy extraño que sonara, no anhelaba el papel, eso era lo de menos, pues su meta difería en muchos aspectos de los objetivos perseguidos por Gael, Clémence y el mismo Obito. Ella deseaba humillar y pisotear a Guilliardi quien se aparecía repentinamente para desnivelar su estilo de vida, y si la agraciada y débil de Clémence tenía que volver a sufrir por su amado, no había más remedio, aunado a ello debía dejarle claro a Obito, recientemente en estado de insubordinación, quien era y seguiría siendo por una larga temporada, la estrella de Liquidreams.
Dominaba ya la técnica que Gendo les presentó en la sala de proyecciones, ella misma había hecho una acrobacia similar, más no quiso ponerse en evidencia del todo delante de los que serían sus rivales en la prueba, aunque si había tenido la libertad a decirle a Gendo que su técnica le recordaba otra ya hecha, la chica sembró, esperaba, de manera exitosa la semilla de la duda en los otros. Sabía que tenía sobre sus rivales ventaja, ellos no ganarían, la mujer tenía claro dos cosas importantes: Gael siempre había carecido de nociones básicas de gimnasia, tenía razón de ellos desde que le conoció tiempo atrás, a Obito los saltos a distancias largas siempre le fueron un tanto imposibles, mientras que la prodigiosa Clémence era sencillamente una mujer insegura de todo, sentía que debía pedir permiso hasta para poder respirar dos veces seguidas, era talentosa de eso no cabía la menor duda, más desde su espectacular fracaso frente a la audiencia se había vuelto muy retraída a la hora de actuar.
Al salir de la sala de proyecciones le comunicó su descubrimiento a Misato. La llamó al instante, su representante gritó tan estridentemente que la chica tuvo la sensación que sus tímpanos estuvieron a punto de ser perforados.
-¿Entonces Gendo les exige hacer la técnica de Layla?
-Básicamente-contestó Meryl, hablaba con Misato a través de una video llamada, la imagen de Misato se reflejaba en una pantalla de tamaño moderado que se encontraba en el tablero del automóvil, asimismo Meryl se reflejaba en una pantalla parecida en el coche de su interlocutora-Además, todos ignoran que la he hecho.
-¿Has bito?-dijo confundida Misato alzando las cejas sorprendida.
-Así parece, y de Obito no me digas nada-se quejó Meryl frenando de golpe al ver la luz roja del semáforo. Tenía la respiración agitada-me ha traicionado de la manera más vil.
-¿Continúa con su idea de ir por el papel protagónico?-Misato quien manejaba también, se detuvo de igual forma.
-Sí, va en serio con la audición-anunció Meryl, Misato se quedó observándola largo rato.
-Obito no te llega a los talones Meryl, es bueno pero tú la mejor-Misato volvía a la marcha-por él no te preocupes, debes tener cuidado es de Gael, su habilidad y su gran boca.
-Por supuesto, pero no podría probar nada-Meryl sintió una punzada en el estómago y un escalofrío le recorrió la espalda-carece de pruebas-la chica avanzó el coche cuando la luz verde se encendió.
-¿Dónde dejas a Clémence?-le recordó pesadamente Misato a la joven acróbata.
-¡Calla Misato!-exclamó Meryl y hundió más el acelerador-además sería su palabra contra la mía, la francesita menudita tampoco tiene nada con que acusarme, dejemos el tema, no deseo recordar nada más.
-Aún así, no puedes olvidar lo que hicimos… nos perseguirá todo el tiempo Meryl, y de una forma u otra irremediablemente nos alcanzará, y debemos pagar por ello-Misato entristeció el semblante, y Meryl se puso mucho más nerviosa. Hubo un largo silencio, la chica se había extraviado por unos segundos, perdiendo el rumbo pero luego se recuperó y tomó su camino.
-¿La técnica a realizar es igual a la de Layla de principio a fin?-preguntó Misato al pasar los minutos.
-No-respondió tajante Meryl, había llegado a la calle de los restaurantes de más alta categoría en la ciudad, y justamente pasaba frente a una limosina brillante e imponente de donde se bajaba prepotente Gael, tras él iba una mujer esbelta y rubia con un hombre anciano con pinta de ranchero con sombrero de ala blanco y negro, alrededor de ellos se encontraban varios periodistas-Ese idiota…
-¿A quién te refieres?-cuestionó Misato observando la pantalla. Meryl no contestó, continuó manejando en silencio un par de calles más y detuvo su coche, respiró profundamente, era definitivo, no soportaba a Gael en ninguna de sus presentaciones.
-Es Guilliardi.
-¿De nuevo volvemos a él?
-Me pareció haberle visto hace un momento con Kenneth-conjeturó Meryl. Misato frunció el entrecejo.
-¿Kenneth?-preguntó-¿Bragnah Kenneth?-Meryl asintió apremienate-eso es imposible. Kenneth se reunirá mañana con Fuyusuki en New York-explicó Misato.
-¿Con Fuyusuki?-Meryl estaba sorprendida. Bragnah era un importante empresario dueño de una cadena mundial de tiendas de alta costura.
-Sí-Misato resopló, se le veía bastante molesta de pronto-al parece a Kotaru se le ocurrió que sería genial que Kenneth participara en la garantía del escenario y su primer aporte es a la obra de Gendo. Y por los vientos que soplan a Kenneth le ha encantado el guión.
-¿Y qué tanto puede saber ese anciano de obra de teatro?-replicó Meryl sin darle mucha importancia-tal vez su pasión sea efímera.
-No lo será-cortó Misato la idea de Meryl-Bragnah ha sido patrocinador de grandes carpas a lo largo de la historia, entre ellas el famosísimo escenario Kaleido hasta el día de su cierre. Ya se me hacía extraño que no hubiese contactado a Kotaru, y ahora que Fuyusuki lo hace con la peor producción que se le ha ocurrido, vaya, al hombre le ha encantado.
-Misato, te aseguro que el hombre que estaba con Gael era Kenneth-aseveró Meryl-y, para completar, estaban rodeados de periodistas-la chica bufó-respondiendo a lo de la acrobacia, no es completamente igual, Gendo ha hecho una acrobacia completamente nueva, pero tiene las mismas bases que el Fénix dorado de Layla Hamilton.
Misato gruñó y se oyó como apagaba el motor de su auto. En la pantalla de Meryl apareció en la esquina superior izquierda un contador con números en rojo, marcó cinco minutos y empezó a dar marcha atrás, era el tiempo restante de la conexión.
-He llegado al escenario. Tengo que reunirme con nuestro nuevo guionista estrella, voy a supervisar los trapecios de la audición.
-Yo estoy cerca de “La Fontana”-rebatió Meryl, el contador indicaba que restaban tres minutos de conversación-voy a verme con Yuri.
-¿Yuri?-Misato puso los ojos en blanco-¿Yuri Quilliam?-la mujer tocó la pantalla con el dedo índice de manera amenazadora-¡No aprendes Meryl! Ten cuidado, el escenario no está para escándalos en estos momentos ¡Tú y Quilliam! Sería un titular para los amarillistas de portada. Recuerda que la prensa está susceptible y alerta a cualquier movimiento de los miembros de Liquidreams. Lo que está haciendo Gael es jugar de nuevo a ser una celebridad, una de las renacidas, ser visto con gente importante en sitios distinguidos. Fuyusuki se lo debe haber recomendado, ya apuestan a que él gana la audición…Que te vean con Yuri no es bueno.
Meryl observó a Misato y se mordió el labio inferior, observó el contador y vio los últimos treinta segundos que restaban, pulsó un botón en el borde inferior de la pantalla y la imagen de Riotaku desapareció. Apagó su coche y se bajó tomando su elegante bolso. No haría caso a lo que le dijese Misato, ya tenía más de un mes que no le veía.
El teléfono móvil de Meryl resonó de manera abrupta y desesperada, la joven se inquietó un tanto pues la tomó desprevenida, no se esperaba llamadas tan temprano ese día. Como se lo imaginó, al tomar el aparato vio el nombre de Misato en rojo, no quería contestarle, pues hacía ya dos días que no se comunicaban, y Meryl tenía claro que su representante moría por saber en qué había parado su reunión con Yuri Quilliam, realmente Misato era bastante cotilla. Además le daría la mayor reprimenda de la historia. La chica tomó el teléfono móvil y lo apagó, Misato se enojaría aún más, pero así tendría un poco más de control en la situación que había generado. Ya el reloj marcaba las seis de la mañana pasadas treinta minutos. Su calentamiento estaba por terminar, mientras que la audición por comenzar.
La prueba estaba pautada a las nueve de la mañana, un sábado en el escenario donde las únicas personas con acceso permitido serían los postulantes, el director, el autor de la obra y los productores. También estaban invitados a la audición los accionistas y patrocinadores, sin embargo nunca se les veía en esa clase de eventos que poco les importaban.
Meryl fue la primera en llegar, aún llovía y se mojó algo mientras cruzaba el amplio estacionamiento. Iba vestida con una malla de color verde agua y de momento un pantalón deportivo, el cabello lo llevaba amarrado en una alta y fuerte cola de caballo, tenía con ella una mochila con un cambio de ropa que fue a colgar en el que pretendía fuese su camerino por mucho tiempo. Después de acomodar sus pertenencias fue inmediatamente al área principal de la compañía teatral.
La estancia donde se producían a cabo las maravillosas obras que daba a presentar Liquidreams era enorme. De forma rectangular una marea escalonada de butacas de cuero rodeaba a un magnífico escenario, el área tenía entradas y salidas para el público, y otras aparte para los acróbatas y miembros del grupo de producción, una de esas fue la usada por Meryl, llegó cerca del escenario, de esa circular tarima que le despertó incontables sentimientos emocionantes. En el centro del escenario se veía un único trapecio a barra, aquel donde la acrobacia comenzaría.
El techo abovedado tenía múltiples estrella doradas que hacían de reflectores en ese momento apagadas. La única luz disponible se enfocaba en el trapecio que de manera extraña Meryl sentía que la incitaba a probarle, el corazón le latía con fuerza descomunal, la chica concebía como todo su cuerpo le pedía ejecutar la acrobacia de una vez, más debía controlarse. Pues sus impulsos por lo general no eran los más acertados. Poco tiempo después de ser aceptada en la compañía teatral, mucho antes de empezar sus actividades como miembro activo, Meryl asistió a la última presentación que llevó a cabo la acróbata número uno del momento, se llamaba Layla Hamilton y tenía un pseudónimo bastante extraño “El Fénix”, Meryl ignoraba porqué le decían así, hasta que admiró la acrobacia que le concedió numerosos premios y el distinguido apodo a la fabulosa Hamilton.
La joven Meryl sintió una conmoción repentina, era brillante y asombrosa la acrobacia, pero detestó a Layla desde el momento en el cual empezó a elaborar su acto. Cuando concluyó todos la ovacionaron, produciendo un sentimiento de ahogo en Meryl, pues después de meditarlo y analizarlo allí sentada en una de esas butacas siendo parte del público, llegó a la conclusión que aquellos aplausos los tenía muy mal ganados.
Por más reluciente y prolija que fuese su técnica, no era la mejor, pues al final todo se reducía a un circo, maroma y teatro, ayudada de luces y efectos técnicos que en Liquidreams se acostumbraban a realizar, Meryl pensó que la acrobacia que tan famosa hacía a Layla Hamilton no llegaba a ser imposible para algún novato con talento como ella. El público abandonó la sala principal del escenario terminada la obra y apagados los reflectores, no obstante Meryl no se inmutó. Esperó que las luces volvieran a encenderse y mostraran a Layla, en lo que sucedió un grito resonó.
-¡¿Así que te crees muy mona, eh Hamilton?!-Meryl sintió que su garganta se desgarraba-tú fénix dorado no es la gran cosa, podría ejecutarlo mucho mejor de proponérmelo-Layla subió su azul mirada y fulminó a Meryl, era tremendamente hermosa, tenía facciones perfectas y perfiladas, derrochaba elegancia en las circunstancias en las que se encontraba, un tanto despeinada, con la frente perlada de sudor y la respiración algo agitada.
-¿Y tú quien eres?-su voz sedosa llenó toda la estancia principal. Aún Layla no se disponía a bajar del escenario, y los acróbatas que la acompañaban miraba la escena un tanto divertidos-Eres una insolente ¿Lo sabías?
-¡Soy Meryl St. Claire!-gritó la chica de pelo negro, bajó rápidamente hasta las bases del escenario y con las manos asiendo su cintura continuó-y voy a demostrar al mundo que tu talento no es más que una falacia.
Algunos de los presentes ahogaron un grito, otros soltaron silbidos burlones, y unos pocos rieron a voces. Layla dio dos pasos en dirección de Meryl, se detuvo de golpe y la estudió detenidamente.
-Te conozco-dijo al fin y se dio media vuelta-he visto tú audición, no vales mucho la pena, ha sido una total pérdida de tiempo-Meryl se sobresaltó y su estómago se contrajo de golpe.
-¡No demostré todo mi potencial!-la chica se subió al escenario, el cual tenía varios trampolines de distintos tamaños y formas-¡Lo haré ahora mismo ejecutando tu patético Fénix dorado!
-Eso…quiero verlo-la voz de Layla de un segundo a otro sonaba forzada y cargada de ira-¡Anda ya!-si bien nunca perdió la compostura, que la caracterizaba.
Meryl ya había visto la técnica, le resultaba sencilla, la estudió en su mente en ese corto tiempo, ella era hábil, una tremenda gimnasta, lo lograría sin más.
-Sólo te diré un par de cosas-dijo Layla mientras bajaba del escenario y se dirigía a un asiento de primera fila, rió luego de manera amarga-se que no lo lograrás, eres una niña que carece de talento, no lo dominarás nunca. Así lo intentes una y otra vez. Figúrate que yo, aún siendo la acróbata número uno del mundo me ha costado ejecutarlo…-Layla se acomodó en su asiento y echó una última hojeada a Meryl-…y es de mi invención.
A Meryl se le cortó la respiración, pero seguidamente bufó con fuerza, el corazón se le quería salir del pecho, parecía un intrépido escalador que va subiendo poco a poco un gran pico, su corazón daba la impresión de subir lentamente hasta la entrada de su garganta. Reunió fuerzas y saltó velozmente en uno de los trampolines y se elevó varios metros, cayó de nuevo en el mismo trampolín y se elevó aún más y tomó el trapecio en forma triangular que usaba Layla para realizar su técnica. El trapecio llevaba en el vértice un círculo metálico el cual mediante un mecanismo interno haría girar a Meryl de forma rápida y constante una vez ella colocara su cuerpo en dirección transversal a la trayectoria que tenía en ese segundo, adelante y atrás. La chica respiró profundamente, y se balanceó, se impulsó con fuerza y determinación. Escuchaba los murmullos, pero no le importaban mucho, tomó más aire e impulsó sus piernas a un lado, se posicionó transversalmente y empezó a girar sin control. Dibujaba una circunferencia amplia mientras iba hacia delante y se elevaba peligrosamente. Meryl cerró los ojos asustada, las manos le sudaban a chorros, se resbalaría, no podía fallar, no allí delante de toso. Maldijo en su mente a su gran boca y a sus incontrolables impulsos.
La meta de la acrobacia era al entrar en la etapa de los círculos, elevarse y saltar en busca de un trapecio a barra simple en una posición más alta, pero lo increíble de la técnica no estaba en poder tomar el siguiente eslabón, sino en la majestuosa visión y forma corporal que adoptaba Layla entre un trapecio y otro, a pesar de la fuerza que llevaba en giros. Meryl abrió los ojos de golpe y enfocando por una brevedad invisible el trapecio superior soltó la barra que apretaba en sus manos, se elevó y la pose realizada se galardonó de las burlas y abucheos, giró en redondo y con la punta de los dedos de ambas manos, precariamente sostuvo el objetivo. La novata apenas respiraba, su cuerpo temblaba de pies a cabeza, se sentía fuera de sí, estaba mareada y sabía que ese fallido intento de realizar el fénix dorado la perseguiría el resto de su carrera. Dirigió la vista hacia el asiento que ocupaba Layla, pero ella ya no estaba y quienes se quedaron la señalaban y le gritaban “perdedora”.
-¡Meryl!-Misato gritó llenando con su eco la vacía sala, golpeó a la chica en la cabeza con la mano abierta y le soltó el reclamo más largo de la historia-… ¡Eres una persona completamente inconsciente! Y a todas estas ¿Para qué rayos te reuniste con Yuri Quilliam?
-Para nada Misato-dijo tajante Meryl admirando aún el trapecio-ya sabía que te pondrías hecha una fiera cuando me vieras-añadió llena de coraje.
-No es para menos-reclamó Misato-ya me figuro que hacía con Quilliam-Misato obligó a Meryl a verle directamente a los ojos-está jugando con fuego Meryl, ese hombre te lleva una cantidad de años sorprendente.
-Misato…
-Y es que sé que no lo quieres sólo para una noche de juerga, tienes un empeño con las cosas, te quedas colgada en un segundo Meryl, Yuri no es el ideal para ti-Misato analizó a Meryl-además, tu otro interés en Quilliam es el fénix ¿A que sí?
Meryl se quedó en silencio largo rato viendo a Misato, tratando de comprender como era que esa mujer con la cual no tenía vínculo familiar pudiese conocerle tanto. Por supuesto que ese había sido uno de los objetivos al verse con Yuri, aunque no el principal. Sucedía que él había sido la pareja de escena de Layla Hamilton por mucho tiempo y conocía la técnica de cabo a rabo.
-Nunca lo logré antes Misato-explicó Meryl-fallé la primera vez en redondo y en posteriores ocasiones el resultado fue el mismo.
-Layla Hamilton era y es única Meryl-objetó Misato-su fénix dorado arrebató el premio sin discusión en el festival circense, nunca se había visto nada igual.
Meryl amplió las alas de la nariz enojada, aún no tenía un nivel superior a Hamilton, lo sabía, pero superaría a los competidores de ese día.
-No obstante, hace dos día lo he hecho…-se regodeó Meryl-no como lo hubiese ejecutado Hamilton, pero lo he logrado en cierta manera. Además Yuri me comentó que con lo que logré me ayudaría muchísimo en la prueba de hoy-alegó Meryl tiempo después-como controlar los giros y la fuerza de impacto al saltar-añadió con un brillo triunfante en los ojos-y he logrado la acrobacia de Gendo.
Entonces de repente una de las puertas de la estancia se abrió de par en par. Gael fue el primero en entrar, iba con paso despreocupado moviendo su cabello color paja, le siguió un intranquilo Obito, precedido, por Clémence, que no se le podía ver más preocupada. Los tres venían en mallas como Meryl, y pantalón deportivo, negro, celeste y gris respectivamente. Detrás de los tres gimnastas venían hablando entre sí con voz muy baja Gendo con Agatha y Aarhus. Fuyusuki caminaba a paso lento con las manos en los bolsillos. Y para terminar el grupo asistente a la audición, pisándole los talones al director entró una pareja singular que se distinguía sobre los demás: el hombre, alto y fornido, de piel esplendorosa y oscura, con el cabello rapado totalmente y una barba incipiente cuidada. La mujer rubia no se quedaba atrás en magnificencia, esbelta y de cabello blondo largo, con una mirada azul profunda, sus rasgos faciales eran perfilados y un tanto puntiagudos. Caminaban juntos tomados de la mano, elegantes en todo sentido. Meryl dejó respirar por un lapso de tiempo, los nervios la atacaron y su seguridad desapareció del todo.
-Buenos días y sean bienvenidos-comenzó Fuyusuki Kotaru dirigiéndose a la pareja sobre todos los demás presentes-hoy se realizarán las esperadas audiciones para definir el protagónico del nuevo proyecto.
-No podemos perder más tiempo Kotaru-comenzó la rubia de voz sedosa-las ansias por poco acaban conmigo ¡Que empiece la función!
Layla Hamilton fue una de las primeras en tomar asiento en primera fila con su pareja, y al fijarse en Meryl le guiñó un ojo descaradamente, luego toda la cuadrilla se sentó igualmente a excepción de Gendo, Gael, Obito y Clémence. Meryl no podía dejar de verle, era como un objeto hipnótico, la chica se aferró al brazo derecho de Misato y le transmitió su miedo cuando el mar de Layla se cruzó con el crudo gris de los ojos de la joven.
-Tranquilízate, recuerda que no debes fallar-murmuró Misato y deshaciéndose del agarre de Meryl fue a tomar asiento. Meryl asintió de manera atrasada y compungida. Dio media vuelta y siguió al cuarteto que se le adelantaba y alejaba cada vez más. Al llegar donde estaban, Gendo comenzaba a explicar los últimos detalles de la prueba.
-La audición la empezarán los cuatro simultáneamente, debemos nuevamente su coordinación grupal. Queremos observar su desplazamiento en el nuevo trapecio que he ideado junto con August-Gael y Obito asintieron, Clémence parecía no estar allí presente y Meryl la imitaba-posteriormente, pasaremos a la evaluación individual…
Meryl no le prestaba atención a Gendo, sacudió su cabeza un tanto para olvidar su primer encuentro con Layla, no le había visto en persona desde ese fatídico intento de ejecutar el fénix. Ahora que volvía a estar cara a cara se presentaba la oportunidad de dejarle claro como evolucionó, y que exigua era la distancia que le faltaba recorrer para ser mejor que ella y su, como aún tenía en mente, patético fénix dorado.